El propósito se escribe desde la enseñanza, no desde lo que el alumno tiene que lograr. Qué implica esa diferencia, cómo se redacta y cómo saber si el tuyo está bien puesto.
Es la parte de la planificación que más se traba, y casi nunca por falta de ideas. Una sabe perfectamente qué quiere que pase en la sala; el problema aparece a la hora de ponerlo en la fórmula que el nivel espera. Y hay una razón concreta detrás de esa fórmula, que es lo que conviene entender antes de sentarse a redactar.
El Nivel Inicial formula sus propósitos desde lo que la docente se propone hacer, no desde lo que el alumno tiene que alcanzar. Por eso arrancan con verbos de enseñanza: ofrecer, propiciar, generar, promover, acompañar, habilitar, poner a disposición.
“Ofrecer situaciones de exploración que permitan comparar materiales por sus características.”
Y no: “Que el alumno logre comparar materiales por sus características.” La segunda formulación es un objetivo de logro, y pertenece a niveles donde se acredita. El Inicial no acredita: acompaña procesos y evalúa formativamente. Escribir el propósito desde el alumno mete, sin querer, una lógica de resultado que después no vas a poder sostener en la evaluación.
No es un capricho de forma. Es coherencia con el enfoque del nivel, y quien lee tu planificación lo nota enseguida.
Tres cosas distintas que suelen mezclarse:
Lo del contenido tiene un motivo práctico además del curricular. La formulación del DC ya trae adentro el enfoque con el que ese saber se enseña en el nivel; si la parafraseás, muchas veces perdés ese enfoque sin darte cuenta. Y cuando presentás la planificación, que el contenido sea reconocible como del DC es lo que hace que se lea como fundamentada y no como una idea suelta.
Dos a cuatro propósitos por propuesta suele ser lo razonable. Si una secuencia de cinco actividades tiene ocho propósitos, eso ya no es una lista de propósitos: es una lista de deseos. Los propósitos de más no suman rigor, restan foco, y en la práctica quedan sin concretarse en ninguna actividad.
Uno rápido y bastante implacable: leé cada propósito y buscá en qué actividad concreta se realiza. Señalá la actividad con el dedo.
“Trabajar”, “ver”, “hacer”, “conocer” son cómodos justamente porque no comprometen a nada. “Trabajar los números” no dice qué vas a ofrecer ni con qué sentido: se le puede pegar cualquier actividad encima y siempre parece que cumple.
Un buen propósito, en cambio, deja ver la decisión didáctica. Compará: “Trabajar el conteo” contra “Ofrecer situaciones de juego que requieran contar para resolver un problema (repartir, comparar cantidades, anticipar cuántos faltan)”. La segunda ya te está diciendo cómo va a ser la actividad.
Para ver el registro, no para copiar (el propósito tiene que responder a tu recorte y a tu grupo):
Fijate que ninguno menciona lo que el alumno “debe lograr”, y todos dejan ver qué va a hacer la docente. Ese es el registro.
Vos ya sabés qué querés enseñar y por qué: eso es criterio, y no lo reemplaza nada. Lo que come tiempo es lo mecánico, pasarlo a la formulación del nivel, cruzarlo con los contenidos del DC y dejarlo presentable. En Planifica escribís tu tema y tu sala, y el borrador viene con los propósitos ya redactados desde la enseñanza y los contenidos tomados del Diseño Curricular de tu jurisdicción. Después lo revisás y lo ajustás a tu grupo, que es la parte que sí es tuya.
El propósito se formula desde la intención de enseñanza de la docente (“Ofrecer situaciones de…”). El objetivo se formula desde el logro esperado del alumno (“Que el alumno logre…”). El Nivel Inicial trabaja con propósitos, porque no acredita aprendizajes: acompaña procesos y evalúa formativamente.
Entre dos y cuatro por propuesta suele ser lo razonable. Más que eso, en general se superponen o quedan sin concretarse en ninguna actividad. Conviene que cada propósito se pueda señalar en una actividad concreta.
Sí, conviene tomarlos en la formulación del DC. Esa formulación ya trae el enfoque con el que el saber se enseña en el nivel, y parafrasearla suele hacerle perder ese enfoque. Además, que el contenido sea reconocible como del DC es lo que hace que la planificación se lea como fundamentada.
Verbos de enseñanza: ofrecer, propiciar, generar, promover, acompañar, habilitar, poner a disposición. Conviene evitar los que no comprometen a nada (“trabajar”, “ver”, “hacer”), porque no dejan ver la decisión didáctica.
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