La salida no es armar tres planificaciones en paralelo. Es un recorte común con desafíos diferenciados. Cómo se piensa, cómo se registra y cómo se agrupa.
En la sala multiedad casi todo el material disponible está pensado para salas parejas, así que la primera reacción suele ser la más costosa: armar una planificación por edad y hacerlas convivir. Es agotador, es insostenible en el tiempo y, sobre todo, desaprovecha lo único que la multiedad tiene y una sala pareja no: la diferencia entre los alumnos como recurso de enseñanza.
La estructura que funciona es al revés de lo que parece: un mismo recorte y una misma propuesta para todo el grupo, con el desafío graduado por dentro. El campo de experiencia es el mismo, la situación es la misma, y lo que varía es qué se le pide a cada uno adentro de esa situación.
En una exploración de materiales, por ejemplo, todos exploran lo mismo. Los más chicos manipulan, prueban y describen lo que perciben. Los más grandes comparan, agrupan según un criterio, anticipan qué va a pasar y registran lo observado con dibujos o marcas. Una sola propuesta, una sola preparación, tres puntos de entrada.
No se gradúa “el tema”. Se gradúan cinco cosas, y conviene decidirlas de antemano:
Y conviene no armarlos siempre por edad. Si el criterio es siempre la edad, terminás con tres salas adentro de una, que es exactamente lo que querías evitar.
Sobre las parejas de distinta edad conviene una aclaración, porque se malinterpreta seguido: el alumno más grande no es un ayudante de la docente. Explicarle algo a otro le exige poner en palabras lo que sabe, y eso es contenido para él, no un favor que hace. Si se vuelve un rol fijo de asistente, deja de aprender y empieza a trabajar.
Y son simétricos:
La salida no está en el medio: está en diseñar la situación de modo que admita distintos modos de participar, todos legítimos. Una buena propuesta multiedad es la que un alumno de 3 puede transitar completa a su manera y a un alumno de 5 igual lo desafía.
En el papel se sostiene bien así: propósitos comunes (tu intención de enseñanza es una sola), contenidos por sala tomados del Diseño Curricular (acá sí aparece la diferencia, porque el DC formula distinto según la edad) y actividades comunes con previsiones diferenciadas, que es donde anotás qué esperás y qué vas a ofrecer para cada grupo.
Ese formato tiene una ventaja práctica además de la pedagógica: se lee de un vistazo y muestra que la diferenciación fue pensada, no improvisada sobre la marcha.
En la multiedad la evaluación formativa se vuelve más natural, casi por obligación: no podés comparar contra un estándar del grupo porque el grupo no es homogéneo. Cada alumno se mira contra sí mismo, contra dónde estaba. Es, en el fondo, lo que el nivel propone para cualquier sala, solo que acá no queda otra que hacerlo.
En Planifica elegís sala multiedad y el borrador sale con esa estructura: propósitos comunes, contenidos por cada sala que tengas en el grupo tomados del Diseño Curricular, y actividades con las previsiones diferenciadas ya escritas. Después ajustás los agrupamientos y los tiempos a tu grupo real, y lo descargás en Word.
No, y en general es contraproducente. Conviene una sola propuesta con un recorte común y el desafío graduado por dentro: misma situación, distintas consignas, materiales, agrupamientos e intervenciones según la edad. Tres planificaciones en paralelo son insostenibles y arman tres salas adentro de una.
Los propósitos van comunes, porque la intención de enseñanza es una sola. Los contenidos se toman del Diseño Curricular por cada sala presente en el grupo, porque el DC los formula distinto según la edad. Las actividades van comunes, con previsiones diferenciadas por grupo.
No. Si el criterio es siempre la edad, se terminan armando salas separadas dentro de la misma sala. Conviene alternar: grupo total para los momentos de encuentro, pequeños grupos por interés mezclando edades, parejas de distinta edad, y agrupamiento por edad solo cuando el desafío necesita estar afinado.
Pueden funcionar como andamiaje, y les sirve: explicar algo obliga a poner en palabras lo que uno sabe. Pero no como rol fijo de ayudante de la docente. Si se vuelve permanente, el alumno mayor deja de aprender y pasa a cumplir una función.
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